
Te observo sentado en mi cama
como estatua irreal,
como adonis ardiente.
Dibujas, tan serio
y distraído,
tu ceño fruncido en señal
de concentración
me provoca, me llena de ansias,
me hechiza.
Es ilógico lo bien que te ves
así tranquilo, ensimismado en tu creación.
Ver lo que tus maravillosas manos,
que me hacen enloquecer,
pueden plasmar.
Incluso ser capaces de crear seres
que podrían estar vivos.
Miro tu cuerpo, ese tono canela perfecto
el de tu piel,
miro tu respirar,
tranquilo y pausado.
Miro tus ojos tan oscuros y profundos,
puñales que me dejan sin aliento,
cuando se posan en los míos.
Me haces sentir deseosa de captar tu atención, distraerte.
Me siento celosa de la hoja donde plasmas tus trazos,
imaginando que tus manos recorren mi cuerpo,
delinenado poco a poco cada una de las partes de mi.
Como dulces plegarias hacia el creador.



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